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Sam Bluesky
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[corto] Infarto

Título: Infarto
Autor: sam_bluesky
Género: Sci-fi (O_o?)
Fandom: city of heroes
Sumario: Para patear culos de malos no sólo hay que hacerlo bien, sino que también debe uno verse bien.
Notas: Una pequeña escenita para presentar al último personaje que creé, una fire/energy blaster :D

- ¡Es una auténtica obga de agte!
Mientras Serge lanzaba exclamaciones de gozo y admiración en un cargado acento francés, la joven rubia contempló su nuevo look ante el espejo. Sí, no estaba mal. Qué leches, estaba muy bien. Y encima era cómodo. Y resistente a las quemaduras.
- Cualquiega digía que lo hicé pensando en ti, chère. C'est très joli!
Cierto, se dijo para sí Ignirelle. Ni hecho a medida.
Era parte del talento natural de Serge, el responsable de la tienda de moda para héroes y metahumanos de Steel Canyon, uno de los sectores de la ciudad de Paragon: descubrir el estilo oculto de cada uno y sacarlo a la luz. Muchos decían que era cosa de magia, cómo con una simple mirada percibía lo que sus clientes querían (o necesitaban, en algunos casos) y se los daba, con un glamour añadido que jamás habrían podido concebir por ellos mismos; pero cuando alguien le comentaba lo fantástico de su don, él siempre lo desechaba con un "hégoes, siempre pensáigs que todó tiene una egsplicasión sobgenatugal".
Sus servicios no sólo incluían todo tipo de tela para trajes, sino también los complementos más variopintos, los estampados más extravagantes, un amplio abanico de armaduras sólidas y elásticas a la vez (todo un milagro de la tecnología actual. Con función de autopulido incluída), trajes de noche y smokings que harían palidecer a un Armani y un servicio de peluquería y maquillaje extra-rápido en la parte trasera de Icon, el local donde trabajaba.
Eso sí, sus encargos no resultaban precisamente baratos. Pese a todo, la tienda Icon de Serge era fácilmente la más concurrida de las tres situadas en Paragon. No era de extrañar, pues por algo Paragon era conocida con el sobrenombre de la Ciudad de los Héroes. Si algo había en grandes cantidades eran metahumanos con habilidades imposibles que adoran ser el ombligo del mundo.
Ignirelle volvió a estudiarse detenidamente reflejada en los tres espejos de la zona de provadores, situados de forma tal que podía verse desde todos los ángulos posibles sin hacer posturas extrañas. A decir verdad, el traje dejaba poco a la imaginación: el spandex reforzado rojo era semitransparente, y con numerosas aperturas a lo largo de todo el torso, llamando una atención especial el vertiginoso escote que lucía. Antebrazos y la parte inferior de las piernas estaban envueltos en una tela de tacto sedoso a modo de vendaje, de un carmesí intenso. Aderezado con unos tacones de aguja impresionantes. Sin duda estaba arrebatadora.
Su hermano mayor tendría un infarto al verla. Pensando en ello, Ignirelle no pudo evitar una amplia sonrisa.


Ella y su hermano eran mellizos, y aunque nacieron con pocos minutos de diferencia, ese tiempo parecía marcar una distancia insalvable. Desde que su familia, iniciada en la magia desde el inicio de los tiempos, descubrió que eran los canalizadores de la Llama del Fénix, un poder mágico más allá de toda capacidad de comprensión humana, trató a los hermanos con sumo respeto, y los inició en las más secretas artes de la Alta Magia. Fueron despojados de todo título mortal, y tan sólo se referían a ellos como Ignitios y Ignirelle, el nombre en el lenguaje de la Alta Magia con el que se hacía referencia al avatar de la Llama del Fénix en la Tierra.
Ignitios creció con la responsabilidad de ser el mayor. Poco importaba que tuviera prácticamente el mismo tiempo de vida que su hermana, desde pequeño siempre había tomado el rol del hermano mayor responsable, planificador y justo. Daba hasta asco de lo perfecto que podía llegar a parecer. Ignirelle, por tanto, tuvo que tomar el papel de la eterna niña traviesa e irresponsable. "Cosas del equilibrio cósmico, hijita", le comentó su abuela, tras una de las muchas riñas (injustificadas, se decía a sí misma contínuamente) que sufrió Ignirelle de pequeña por sus inocentes travesuras.
Quizá por esa diferencia tan patente de carácteres preferían usar sus conjuros de forma totalmente diferente: mientras que ella optaba por usar la Llama del Fénix en forma de chorros de fuego irresistible, y usaba pequeños conjuros de invisibilidad y proyección de energía; él usaba sus poderes para anular a sus rivales y dejarlos a su merced, teniendo siempre el control de la situación, por complicada que fuera, y parte de su repertorio de habilidades místicas se centraba en la debilitación del oponente, para tener aún más ventaja.
Aunque desde que había decidido, junto a su hermano, registrarse como heroína en Paragon, todo eso carecía de importancia.
Allí estaba ella, preparándose para pagar su primer traje especial, que le ofrecería mejor protección para las situaciones de riesgo que viviría a partir de entonces que no sus tejanos gastados y su vieja camiseta magenta. Por no decir la de dinero que se ahorraría en tintorería: el vómito de zombies del doctor Vahzilok no sale con facilidad a menos que la tela esté pretratada adecuadamente.
Firmó el recibo de la tarjeta de crédito en un tris, y lo guardó junto con la tarjeta en la cartera, no sin antes echar un rápido vistazo al importe.
Ignirelle sonrió mucho más que antes, y salió canturreando alegremente de Icon.
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